No me cabe la menor duda que, el ex Presidente Alan García Pérez, es un hombre con suerte.
Basta con pasar revista al cruel destino que han tenido varios de sus "ex amigos y colaboradores" para darse cuenta de esto.
1ero.- Durante su desastroso primer gobierno, fugó del país, no afrontó los Procesos Penales a los que estaba obligado y regresó como hipotético "líder de la oposición".
2do.- El Sr. Agustín Mantilla a cuyo hermano Jorge se le descubrió una sospechosa cuenta en los Estados Unidos, terminó preso cerca de 4 años, sin confesar quién era el verdadero titular de dicha cuenta...
3ero.- En el denominado "indulto humanitario" al ex convicto Crousillat, quien se vio obligado a renunciar fue su ex Ministro Pastor, actualmente preso, por otro caso.
4to.- En el denominado caso de los Petroaudios y el posterior "faenón" de los Señores Quimper y León Alegría, éstos terminaron presos (prisión suspendida por edad el primero de ellos y prisión efectiva el segundo).
5to.- En el caso de los denominados "Narcoindultos" ha terminado en prisión el Sr. Facundo Chinguel (compañero de Partido del citado García y quien lo calificó en su momento de "hombre probo"), pero el citado García, aún silba y mira al techo, pese a quien en última instancia firmaba los indultos era él.
6to.- He visto con satisfacción la detención por la Justicia Brasilera de los Directivos de empresas muy cercanas al citado García (es decir Odebrecht y Andrade Gutiérrez) las mismas que se beneficiaron grandemente en su gobierno tanto así, que donaron "generosamente" dinero a fin de construir el denominado (según la versión de la calle), el "Cristo de lo robado", que se encuentra actualmente cerca al Morro Solar en el distrito de Chorrillos.
Por estos hechos, nos damos cuenta que el Sr. García es un hombre afortunado, pero que se mire en el espejo del ex Presidente Fujimori, al cual, la suerte se le acabó y el único "boleto de la lotería" que tiene es que su hija sea Presidenta para su indulto, pero parece que éste no tiene tanta suerte como usted, Sr. García.
Considere usted que; como todo en la vida, la suerte se acaba y, tarde o temprano, la fiesta se paga.
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